El rostro nos acompaña en todas nuestras formas de expresión. En él se dibujan la sonrisa, la concentración, el cansancio y el paso del tiempo. Su cuidado merece un lugar entre los hábitos cotidianos con los que atendemos nuestra salud y bienestar. Dedicar unos minutos a la piel puede convertirse en un gesto consciente de atención hacia nosotros mismos, siempre que lo hagamos con conocimiento y expectativas realistas.