El bienestar se construye en lo cotidiano: en el tiempo que reservamos para descansar, en los alimentos que elegimos, en la manera de movernos y en la atención que concedemos a nuestras relaciones. A menudo, estas decisiones parecen demasiado pequeñas para resultar significativas. Sin embargo, su repetición configura nuestra forma de vivir y ofrece oportunidades concretas para cuidar la salud.